Inutilisimas

Toda la vida me gustó cocinar. Empecé haciendo mezclas extrañas (e incomibles) trepándome a los muebles de la cocina mientras toda mi familia dormía. Seguí con mi primer curso a los seis años y me sentí completamente fascinada por hacer algo con mis propias manos y poder saborear el resultado. Viajar también ayudó a integrarme cada vez más en la gastronomía y al mismo tiempo seguir descubriendo infinidad de recetas.

Siempre tuve ganas de avanzar, de tener mi carrera, pero a la vez me aterraba la idea de pensar que si todo eso se volviera una profesión podía perder el encanto y el disfrute de ser amateur.

Y así fue, con el tiempo descubrí que no ser chef profesional me hacía estar del lado de las emociones de la personas, de la realidad, de lo que pasa en el día a día cuando volvemos a casa cansados o no tenemos muchas cosas en la heladera (muy lejos de lo que sucede en la cocina de un restaurante). Siempre me encontré entusiasmada por buscar la variedad dentro de las posibilidades, la diversión y la simpleza en la cocina.

Junto a todas mis ganas e inquietudes y a la insistencia de mis amigas empecé con INUTILÍSIMAS, compartiendo recetas y manteniendo siempre ese perfil SIMPLE

Esa simplicidad en las recetas, en los ingredientes, en los modos, es la que -a mi entender- genera habilidades, deseos de cocinar y fundamentalmente confianza en lo que hacemos.

Creo que sólo hay que sacarse de encima tantas estructuras y miedos a la hora de enfrentarse a una cocina. No hay que escandalizarse por ignorar cosas -que para muchos son obvias- porque eso es lo único que nos aleja y hace parecer todo inaccesible.

Lo importante es simplemente COCINAR. Aunque a veces sea caótico. Aunque empecemos haciendo un plato y tengamos que improvisar sobre la marcha porque no sale como esperamos.

Tenemos a favor que cocinamos en casa y en nuestra intimidad; no hay una sola manera de hacerlo. Pueden haber mil caminos, pero si logramos juntarnos con amigos, familia y compartir algo rico y casero, es tarea más que cumplida ¡Con la panza llena y el corazón contento!

Contagiarles todo eso es mi única meta. Trasladarles lo que más amo de cocinar: las sonrisas y los halagos cuando un plato queda vacío.

Poder cocinarle a los demás; es la forma más linda y simple de dar cariño y que los platos de INUTILÍSIMAS se compartan en sus casas, es algo único para mí.

Para mi papa que me contagio la pasion por cocinar y sobre todo por comer.
Para mi hija que me ayuda a su manera y cuando mete sus manitos en mis recetas me hace feliz.